Curiosidad femenina…¿inquietud o fisgoneo?

¿Qué eres… inquieta, curiosa o fisgona?

Algunos pensadores psicológicos, entre ellos Freud y Bettelheim, han interpretado algunos episodios del cuento de Barba Azul como castigos psicológicos a la curiosidad sexual femenina.

Al buscar en la red encuentro:

“En los comienzos de la psicología clásica, la curiosidad femenina tenía una connotación más bien negativa, mientras que los hombres que ponían de manifiesto esta misma característica eran calificados de investigadores, a las mujeres se las llamaba fisgonas.

El tema de la prohibición transgredida es históricamente recurrente, y aquí se conjuga por un lado con el de la habitación secreta o prohibida y por otro con el de la curiosidad “ilícita” de la mujer. En este sentido Barba Azul tiene antecedentes en la narrativa sobre Eva, Edith la mujer de Lot, Pandora, y Elsa la esposa de Lohengrin”.

En realidad creo que se niega la perspicacia, las corazonadas y las intuiciones femeninas y porque nuestro mundo interior en muchas ocasiones es complejo, rico, cambiante y sorprendente.

Así que he buscado algo de información sobre estas mujeres “curiosas e inquietas” y castigadas por ello:

Eva:

En el libro de Génesis, se relata que Dios mandó a Adán y su esposa Eva fructificar y multiplicarse, llenar la Tierra y gobernarla. Se relata que también les mandó comer de todos los árboles del huerto, excepto del árbol de la ciencia del bien y del mal, el cual estaba junto al árbol de la vida. Pero, leemos, que Eva fue engañada por la serpiente y vio “que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría”, por lo que ella comió del fruto prohibido y dio a su pareja, el cual comió también.

Edith, la mujer de Lot:

“…Huyó de Sodoma antes de su destrucción, avisado por ángeles de Yahveh. La mujer de Lot ―de nombre Edith― al darse la vuelta (desobedeciendo el mandato de Yahveh) se convirtió en estatua de sal, en castigo divino por su curiosidad, quedando ahí mientras el resto de su familia abandonaba el lugar.

Pandora:

“…Los poemas presentan de distinta forma la introducción de los males por Pandora.

En Trabajos y días, Hesíodo indica que los hombres habían vivido hasta entonces libres de fatigas y enfermedades. Pero Pandora abrió un ánfora que contenía todos los males (la expresión “caja de Pandora” en lugar de jarra o ánfora es una deformación renacentista) liberando todas las desgracias humanas. El ánfora se cerró justo antes de que la esperanza fuera liberada”.

Elsa, la esposa de Lohengrin:

“…En el día de su boda, Lohengrin le pidió a Elsa que le hiciera una extraña promesa, una promesa que debía cumplir pasase lo que pasase. Esta era que jamás debía preguntarle por su nombre (de hecho, la joven no lo sabía). A Elsa le pareció lo más justo, dado que su futuro marido le había otorgado la libertad, así que aceptó cumplir la promesa.

Pasaron años de felicidad para la pareja y de su relación nacieron tres hijos. Pero he aquí que Elsa empezó a preguntarse por el linaje de su marido; le entristecía pensar que sus hijos no pudieran llevar jamás su apellido. Un apellido que a lo mejor podría aportarles aún más linaje a la familia.

El fatídico día llegó y la promesa que jamás tuvo que romper se hizo añicos. Nada más salir la pregunta de sus labios, Lohengrin, con el rostro descompuesto abrazó tiernamente a su esposa, se despidió de ella sin decir palabra y abandonó el castillo para siempre…”

¿Tienes algo que añadir?

Un abrazo. 😉

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