Archivos mensuales: Abril 2017

Fábula de Leonardo Da Vinci

 Una fantástica fábula sobre el respeto.

De todas las facetas del genio Leonardo Da Vinci, la de escritor de Fábulas no es muy conocida. En las que se refleja su amor por la naturaleza y sus increíbles dotes de observación.

Así, a través de la naturaleza, los animales, las plantas, los ríos o los fenómenos naturales, Da Vinci enseña a vivir en armonía con el entorno natural y nos indica un camino a seguir.

Esta que transcribo ha sido traducida por María Teresa León y Rafael Alberti.

Fábula “El águila y el búho”

Un águila, cierto día, mirando hacia abajo desde su altísimo nido, vio un búho.

– Qué gracioso animal! – dijo para sí -. Ciertamente no debe ser un pájaro.

Picada por la curiosidad, abrió sus grandes alas y describiendo un amplio círculo comenzó a descender.

Cuando estuvo cerca del búho le preguntó:

– Quién eres? ¿Cómo te llamas?

*Soy el búho – contestó temblando el pobre pájaro, tratando de esconderse detrás de una rama.

¡Ja! ¡ja! ¡Qué ridículo eres! – rió el águila dando vueltas alrededor del árbol -. Eres todo ojos y plumas.

Vamos a ver – siguió, posándose sobre la rama -, veamos de cerca cómo estás hecho. Déjame oír mejor tu voz. Si es tan bella como tu cara, habrá que taparse los oídos.

 El águila, mientras tanto, ayudándose de las alas, trataba de abrirse camino entre las ramas para acercarse al búho.

Pero entre las ramas del árbol un campesino había dispuesto unas varas enligadas y esparcido abundante liga en las ramas más gruesas.

El águila se encontró de improviso con las alas pegadas al árbol y cuanto más forcejeaba por librarse, más se le pegaban todas sus plumas.

El búho dijo:

Águila, dentro de poco vendrá el campesino, te agarrará y te encerrará en una jaula. O puede que te mate para vengar los corderos que tú te has comido. Tú que vives siempre en el cielo, libre de peligros, ¿qué necesidad tenías de bajar tanto para reírte de mí?

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Respetar y valorar.

Hay seres que se creen superiores a los demás y centrados en su intención de asustar con ese poder, no se dan cuenta que hay otros superiores a ellos.

Un abrazo

Un poema y una falsa carta de despedida.

Hay textos y escritos, que sin saber por qué se hacen “virales” en este mundo de las redes sociales. Y “La marioneta”, del mexicano Johnny Welch, es uno de ellos.

Este poema fue erróneamente atribuido a Gabriel García Márquez, y por ello ha dado la vuelta al mundo. En realidad nadie sabe cómo ni cuándo empezó a decirse que el poema lo había escrito el premio nobel colombiano.

El periódico más importante de Perú, La República, saca un encabezado diciendo que el poema La Marioneta es la obra póstuma de García Márquez y que se lo está dejando a sus amigos en el momento en que está tratándose de cáncer en un hospital en Los Angeles.

Esto llevó a que García Márquez convocara a una rueda de prensa para aclarar el tema.

“Dijo: Señores, yo quiero decirles que estoy vivo y que lo único que me podría matar es que digan que yo escribí algo tan cursi“.

En junio del año 2001 Johnny Welch recibió en su casa a Gabriel García Márquez para conversar acerca del famoso poema que los había unido.

Y el final de la charla es digno de un relato del mismo García Márquez.

“…Hasta que llegó un momento en que le dije: ‘Maestro, el hecho de que usted esté aquí frente a mí no puede ser una casualidad, son muchas casualidades’. Y me contestó: ‘No Johnny, esto no es una casualidad, esta es una historia que tenía que ser'”.

Originario de la ciudad de México, Johnny Welch, se define como “integrante del show business”. Con un ingenio particular ha escrito guiones para televisión, comerciales y divertidas rutinas para sus espectáculos en vivo.

Es licenciado en Derecho, también escritor, cómico… y ventrílocuo. Ha dado vida a más de veinte personajes que se presentan en sus actuaciones de forma alternativa, uno de estos personajes es Don Mofles, personaje bromista y divertido.

Cuando le preguntaron por qué escribió el famoso poema : “Sentí la necesidad de transmitirle al público algo serio, del alma, del corazón, así que un día decidí escribirlo. Y escribí La Marioneta”.

 Poema “La Marioneta”

Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso pero, en definitiva pensaría todo lo que digo.

Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.

Dormiría poco y soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.

Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen, escucharía mientras los demás hablan, y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate…

Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando al descubierto no solamente mi cuerpo sino mi alma.

Dios mío, si yo tuviera un corazón…

Escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol.

Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que ofrecería a la luna.

Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos…

Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida…

No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero.

Convencería a cada mujer de que ella es mi favorita y viviría enamorado del amor.

A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.

A un niño le daría alas, pero dejaría que el solo aprendiese a volar.

A los viejos, a mis viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez sino con el olvido.

Tantas cosas les he aprendido a ustedes los hombres…

He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.

He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su puño por vez primera el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre.

He aprendido que un hombre únicamente tiene derecho de mirar a otro hombre hacia abajo, cuando ha de ayudarlo a levantarse.

Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero finalmente de mucho no habrán de servir porque cuando me guarden dentro de esta maleta, infelizmente me estaré muriendo…

Del libro “Lo que me ha enseñado la vida”

En este video de YouTube puedes ver a la famosa marioneta narrando el poema.

 https://youtu.be/jetlsd-ovC8

 

Una tierna poesía que nos ayuda a valorar el tesoro que poseemos los que gozamos de salud y estamos llenos de vida.

 

Un abrazo

¿Qué refleja tu espejo?

Lo que ves en tu espejo

Las niñas utilizan el espejo muy a menudo…de pequeñas nos maravilla, es algo mágico, nos miramos sin malicia, libres…de adolescentes lo observamos y evaluamos de acuerdo a una imagen idealizada en nuestra mente de cómo tendríamos que vernos, pasamos de admirar nuestras pestañas, nuestra melena, o la curva del cuello y al minuto siguiente nos desanimamos y frustramos sin más.

Y la sensación de que ha sido como una amiga que ha estado en todos nuestros momentos, en los de duda, en los de “disfrazarnos” según nuestra cantante favorita, las coreografías, las confesiones, las charlas.

Hay momentos en el que al mirarnos da la sensación de que miramos el mapa de un país desconocido…buscamos espinillas, inspeccionamos las patas de gallo, esta sombra que veo sobre el labio…¡¡depilación!! jajaja

En otras ocasiones utilizamos a los demás como “espejos”: padres, amistades, profesor@s, jef@s,…nos vemos reflejadas según su visión sobre nosotras mismas, aquí es donde hemos de preguntarnos si encontramos buenos espejos para reafirmarnos.

¿Nos miramos fuera de nosotras para validarnos y medir nuestra autoestima sólo a través de los ojos de los demás?.

Es bueno guiarnos por un buen espejo. El hecho de depender de la forma en que los otros nos ven se convierte en un problema. Aprender a valorarnos es el mejor remedio contra los reflejos negativos de los demás.

¿Qué ocurriría si NO existiesen los espejos? En alguna ocasión me he levantado alegre, contenta, feliz, a gusto conmigo misma. Me he vestido según la ropa que me ha apetecido, cómoda y ligera. Si sales a la calle y te miras en los escaparates, si te hacen alguna foto con el móvil, si te miras a través de otras personas…¿qué ocurre? Pues te aseguro que mi percepción ha cambiado muchas veces. ¡¡Es de locos!! Soy la misma que hace un rato y aún así me siento diferente, y muchas veces…peor.

Este texto de Marlo Morgan en su libro “Las voces del desierto” lo define muy bien…

“El hecho de no tener un espejo en todo ese tiempo pareció causar un impacto en mi conciencia. Era como caminar dentro de una cápsula con agujeros para ver. Yo siempre estaba mirando hacia fuera, a los demás, observando que relación tenían con lo que yo estaba haciendo o diciendo. Por primera vez, me parecía que llevaba una vida totalmente honesta. No vestía cierta ropa, como se esperaba de mí en el mundo de los negocios. No me maquillaba. No había fingimiento ni confrontación de egos para acaparar la atención. En el grupo no se chismorreaba y nadie intentaba superar a nadie.

Sin un espejo que me devolviera espantada a la realidad, experimentaba la sensación de sentirme hermosa. Evidentemente no lo era, pero yo me sentía hermosa. La gente de la tribu me aceptaba tal cual, me hacía partícipe, única y maravillosa. Yo estaba aprendiendo cómo se siente una persona cuando la aceptan sin condiciones.”

El reflejo del espejo se acerca a MI realidad.

 

“Los discípulos sabios actúan por imitación. Pero a menudo seguimos los pasos de las personas que tenemos más cerca en la distancia y en el tiempo, y las figuras que elegimos como modelos no siempre son las mejores ni las más nobles, sino tan sólo las que más conocemos.” dice la editora Harriet Rubin.

¡Vive la alegría, la aventura de esa mujer que ERES más allá de la imagen reflejada en el espejo!.

 

Un abrazo

Adicciones a la carta

¿Qué adicciones vives en el día a día?

Tod@s hemos escuchado hablar de las adicciones, ¿pero adict@s a qué?
Casi siempre pensamos que nos referimos a las drogas, al tabaco o al alcohol; pero hay más tipos de “enganches” de los que imaginamos.

Según Elsa Punset, hay investigaciones que aseguran que “revisar los mensajes de Twitter o de Facebook y responder a un email podría causar más adicción que el alcohol o el tabaco. La tentación de saber qué pasa a nuestro alrededor es otra necesidad atávica muy difícil de resistir”.

El Dr. Joe Dispenza en su libro “Deja de ser tu” nos habla de la adicción a “ser alguien

“Nos encanta sentir el torrente de energía generado por nuestros problemas. La mayoría nos hemos vuelto adictos a los problemas y las condiciones de nuestra vida que nos producen estrés. Tanto si es por un trabajo mal remunerado o una relación sentimental insatisfactoria, no queremos resolver nuestros problemas porque reafirman nuestra imagen de ser alguien, alimenta nuestra adicción a las emociones de baja frecuencia.

El bombardeo continuo de la publicidad nos empuja a buscar la satisfacción en cosas externas, coches, dinero, fama…pero la realidad es que sólo podremos encontrar el verdadero bienestar en nuestro interior.

Y cuando la novedad de acumular cosas nuevas pierde su encanto y ya no funciona, ¿que es lo que solemos hacer?. Buscar cosas de mayor importancia, pasar al siguiente nivel y las estrategias de evasión se convierten en adicciones.

“Si me drogo o bebo lo suficiente, esta sensación desaparecerá. Me divertiré con vídeo juegos. Comeré hasta no poder más. Me compraré un montón de cosas, porque cuando lo hago (aunque no tenga demasiado dinero) me olvido de lo vací@ que me siento”.

Sea cual sea la adicción , seguimos creyendo que algo exterior eliminará ese molesto sentimiento de vacío interior. Y como nos hace sentir bien, nos gusta. Por eso rechazamos lo que es desagradable o doloroso y buscamos lo que nos resulta agradable, cómodo o placentero.

A medida que la excitación de las drogas estimula el centro del placer del cerebro, el cuerpo se inunda de sustancias químicas como resultado de la experiencia estimulante. El problema está en que cada vez necesita una dosis mayor que la anterior.

¿Te suena alguna de estas situaciones?

  • Estados emocionales destructivos
  • Las mismas situaciones una y otra vez
  • Incapacidad para cambiar
  • Sentirse impotente para crear algo nuevo
  • Ansia profunda de ciertas respuestas emocionales
  • Voces en la cabeza que dicen: “Quiero. Dame, dame”
  • Decir que nunca harás algo otra vez y hacerlo luego, tres horas después

Los científicos han descubierto que, con el uso repetido de la misma emoción ocurre lo mismo que con el uso repetido de la heroína: los receptores opiáceos del cuerpo empiezan a esperar, e incluso anhelar, ese ‘péptido’ en particular y el cuerpo se hace adicto a esa emoción.

La cuestión es que la verdadera felicidad no tiene nada que ver con el placer porque depender de cosas tan estimulantes para sentirnos bien sólo nos aleja de la auténtica dicha.

 

Todo el mundo es adicto a algo, y todo el mundo, tiene capacidad para cambiar adicciones.

Cuanto mejor nos conozcamos y más conscientes seamos de nuestro estado de ánimo y de los efectos de nuestras conductas automáticas, más fácil nos resultará valorar la situación en la que nos encontramos, y con ello armonizar nuestras emociones, analizar de manera realista nuestras opciones y tendremos mejor criterio a la hora de elegir el camino a seguir para alcanzar la meta que nos proponemos.

Dejarnos ayudar por un grupo, o una persona que nos acompañe en el proceso, es saludable y muy positivo. Compartir experiencias, y saber que no “soy la única persona que sufre esto…”.

 

¿Conoces tus adicciones?